Opinión

¡Yo acuso!

Hay una sola forma de ver la realidad, con los ojos, y después que la realidad entra por nuestros ojos, puede tomar dos caminos, baja al corazón o sube al cerebro. Lamentablemente hay veces que el corazón nos dice una cosa y el cerebro otra.

Creo que todos hemos pasado por una ruptura sentimental, y una ruptura se produce casi siempre por los mismos motivos, se acabó el amor en una de las partes o en ambas. Es muy duro, porque aún cuando tenemos todos los elementos de juicio, aún cuando el cerebro procesa perfectamente la realidad, y nos dice: “ya no te quiere”, el corazón no quiere creer, el corazón se resiste, y se inventa mil excusas para el desamor, nos impulsa a intentar salvar lo que definitivamente no se puede salvar, pero la realidad se impone tercamente, y llega el momento en que no nos queda otro camino que aceptarla, y entonces, el corazón se rompe y lloramos amargamente.

Entonces acabamos la relación, de forma consensuada o unilateral, pero la acabamos, y es entonces, solo entonces cuando el corazón empieza un proceso largo y doloroso de recuperación, pero lo cierto es que hasta que el corazón no se rompe, no puede comenzar a recuperarse. Para vivir y ser feliz, el corazón necesita estar en armonía con el cerebro.

Este último proceso electoral fue extremadamente duro para mí, sufrí igual que todos ustedes, solo que sufrí más, porque ustedes tuvieron un receso, un lapso de esperanza y alegría que yo nunca tuve, y el desenlace, a pesar de saberlo con antelación, me resultó devastador. Cuando escuché a mi madre llorando, mi corazón, ya roto desde hace años, se quebró en pedazos aún más pequeños.

Empecé entonces a recibir llamados, SMS, correo y tuits, diciendo todos lo mismo: “¡coño! ¡tenías razón!” y me comenzó un proceso que me da cada tanto, el proceso de arrechera de arranque lento, una pequeña llamita de enojo que crece y crece, sube por mi garganta, y llega a mis dedos y boca convertida en forma de ira ciega y devastadora… ¿DE QUE MIERDA ME SIRVE TENER LA RAZÓN? Si no sirve ni siquiera para ahorrarme mi propio dolor, si tuve que ver impotente como mis amigos, mi familia, mis conocidos, mis vecinos ¡todos! Entregaban el país a los traidores, si tuve que ver con dolor como me entregaron a mí.

Tuve discusiones con amigos, con conocidos ¡con mi familia! Discusiones que me dejaron heridas superficiales y profundas, pero todas dolorosas, discusiones que eran producto del autoengaño que tenían, y que yo veía con claridad meridiana ¿de que me sirve saber que tenía razón? Yo sé que tengo razón, pero es que ya lo sabía antes, y ese conocimiento no me quita el dolor de mis heridas.

Alguien en particular, afortunadamente del bando de los conocidos, y no amigo ni familia, me dijo en su momento: “te he perdido el respeto”, luego, a la luz de la realidad, me dice: “tenías razón, lamento lo que dije, tienes mi respeto de nuevo”. Lo que él no sabe es que cuando me trató de aquella forma él también perdió mi respeto, y ya no lo recuperará nunca. Eso me duele y no encuentro analgésicos.

Entiendo que a ustedes les duele haber sido traicionados, claro que eso duele, pero mi dolor es doble, porque ustedes en realidad se traicionaron a ustedes mismos, pero en esa traición traicionaron también al país, traicionaron a sus hijos, a mis hijos, me traicionaron a mí. Y lo más doloroso es… que lo van a volver a hacer, en un tiempo, en unos pocos años, esto se habrá olvidado, y me dirán lo mismo que me dijeron hasta hace unos días, que esta vez es distinto, que la circunstancia es otra, que yo no entiendo, que yo no veo, que yo estoy loca, que están asombrados de que mis análisis, bastante claros por lo general, sean tan erróneos, y me abrirán nuevas heridas, algunas sobre cicatrices, otras sobre heridas aún abiertas. Y a mi saberlo me sirve para… ¿para qué? ¡para nada!

A mis amigos, a todos, para que ninguno se tome estas líneas como personales, les dije lo mismo, usé las mismas frases, a las que quizá hoy le vean más sentido: “Los ojos solo ven lo que el alma quiere ver”, “estás dejando que el miedo se sobreponga a tu sentido común” y la más usada “repetir lo mismo esperando obtener resultados distintos, es la definición de locura”.

Pero yo misma me veo prisionera de mis conceptos, yo también estoy repitiendo el mismo ciclo junto con ustedes, yo también estoy repitiendo lo mismo esperando obtener resultados distintos, yo también estoy actuando en la definición de locura.

Por eso me es tan difícil escribir estas líneas, porque para mí es confuso y doloroso. En otras oportunidades lo que hago inmediatamente es lanzar un mensaje de “bueno, sí, tenía razón, pero eso no es lo importante, lo importante es que entiendas no que yo tengo la razón, sino que esa es la realidad, y que no lo vuelvas a hacer, que no vuelvas a traicionarte, que no vuelvas a traicionar el país, así que… ¡pa’lante! que futuro es lo que queda.”

Esta vez estoy más vieja, quizá esté más cansada, quizá me cansé de repetir lo mismo, y es que esta vez mi corazón, ya roto, se ha dado por vencido y le da paso al cerebro para revelarme una verdad que no puedo ocultarme más… ¡tú eres un traidor! ¡tú eres una amenaza para mí! ¡tú eres un peligro! Y como un traidor, como una amenaza, como un peligro, tengo que tratarte, sé, me demostraste sin que me quede asomo de duda, que me entregarías al tirano sin pensarlo dos veces, y lo harías convencidísimo de estar haciendo lo correcto, para luego decir con la mayor ligereza “¡oops! Pues me equivoqué, ella tenía razón ¡ni modo! ¡la vida sigue!”, ¿que como sé que lo harías? Pues si te entregaste tú, si entregaste a tus hijos, si entregaste tu país, tu modo de vida ¿no me vas a entregar a mí? ¡conmigo más rápido!

Amigos, familia, vecinos… ¡yo los acuso! Los acuso de traición, los acuso de haber vendido a mi país, los acuso de haber vendido, por cienputésima vez, el futuro de mis hijas, los acuso de ser colaboradores conniventes del tirano… ¡traidores! ¡vendidos!

Se venden por un puñado de meses de esperanza, se venden por miedo a la realidad, se venden porque son cobardes, porque son cómodos, porque prefieren el engaño y con ello la traición, antes que enfrentar la realidad y buscarle soluciones. Eres tan, pero tan arrastrado, que vendiste tu futuro a cambio de unos meses oyendo y tarareando cancioncitas pendejas, eres tan, pero tan cobarde, que vendiste a tus hijos, a tus nietos, te vendiste a ti, para dormir unos meses con tu enemigo, con nuestro enemigo.

No me digas que te engañaron, no me faltes el respeto de esa manera, no profundices más las heridas, te engañaron en el 2002, cuando por no conocerlos permitimos, y ahí si me incluyo, que negociaran sobre nuestra sangre, y lo paso, eso fue ignorancia, antes de eso no habíamos visto sus feas caras de traidores, en el firmazo ya los conocías, ya sabías quienes era, y aún así los seguiste para que de nuevo te entregaran con el cuento de las firmas “planas”, te engañaron de nuevo y está bien, te lo paso, digamos que fue inocencia, luego nos traicionaron con el Referendo Revocatorio, y hasta eso te lo perdono, me excuso diciendo “bueno, eso fue desesperación”, de ahí para acá, Rosales, Capriles y los entreactos de esos dos… ¡no me jodas con que te engañaron!

La mayoría de ustedes me han demostrado en otras áreas que son persona inteligentes, han estudiado, han puesto en marcha negocios exitosos, se han casado, han tenido hijos y los han sacado adelante, es decir, que imbéciles no son ¿y me van a decir que los engañaron? ¡no me jodan! ¡no me jodan! ¡no me jodan!

¡NO LES CREO! Igual que hasta unos días ustedes no me creían a mí, ahora yo no les creo a ustedes ¡no me jodan! ¡los engañaron un cuerno! Lo hicieron con plena consciencia de lo que hacían, ustedes fueron los cabrones que visitaron el burdel y compraron una pocas horas de placer, y ahora pretenden hacerme creer que la puta los engañó y les hizo creer que estaba enamorada… ¡si nunca ocultó que es puta, coño! Tiene años demostrando que es puta, tiene años acostándose con el que te tiraniza y te jode ¿y me vas a decir que te engañó? ¡no me jodas!

Alguien me pidió que incluyera en este escrito el postulado de la navaja de Occam, que dice que habiendo varias soluciones posibles, la que tiene más probabilidades de ser correcta es la más simple ¿que es más simple? ¿que por alguna razón desconocida un pueblo prefirió a un gobernante viejo y enfermo, con un desastroso gobierno de ya 14 largos años o creer simple y llanamente que hubo fraude? Lo más simple es creer que hubo fraude.

Y mientras trataba de darle forma a esa idea, mientras trataba de explicarles las razones de mi posición, de hacerles entender como han colaborado inocentemente en esta traición, lo vi clarito ¡sí! ¡la respuesta está en la navaja de Occam! ¿que es más simple? ¿creer que personas inteligentes y plenamente funcionales, por alguna razón desconocida no pueden ver la realidad? O creer lo que la realidad me muestra de forma explícita: Que son traidores que se venden por un puñado de esperanza ciega.

He decidido escucharme, me he demostrado repetidamente que mis consejos y apreciaciones son sabios y acertados, y me voy a parar bolas por primera vez.

Yo los acuso de haberme traicionado, de haberme vendido. Los acabo de poner, políticamente, en una escala moral por debajo del chavismo, porque el chavismo es mi enemigo, y no me lo oculta, va de frente y me da la cara, pero ustedes… ustedes se hacen pasar por mis amigos mientras afilan las dagas que me van a clavar.

Y mucha bola le van a tener que echar para salir de ese subsuelo moral tan repugnante en el que voluntariamente han decidido sumirse, esta vez no tienen perdón, se acabaron las excusas, ya que no tienen moral, ni tienen dignidad, tengan por lo menos los cojones de aceptar lo que son ¡TRAIDORES!

Lo siento, lo siento por mí, no por ustedes que no merecen piedad ni misericordia alguna, tienen exactamente lo que merecen, han decidido VOLUNTARIAMENTE, dormir en la mierda, servir en la mierda, por no pararse un metro más allá, por no pensar cinco minutos más.

En un diálogo conmigo misma yo tengo que afrontarlo. Lo siento Erne, realmente lo siento, me duele profundamente, pero afróntalo, acepta la verdad más dura que te ha tocado enfrentar en tu vida, asúmelo de una buena vez: ¡esto es lo que hay! No te engañes más, no sangres más, no te exprimas el cerebro ni el alma tratando de ver inocencia donde no la hay, sabes que no la hay, asume lo que hace tiempo presientes, asume que tus dedos no se han paralizado por falta de inspiración, asume que tus dedos han sido más valientes que tú y han aceptado lo que tú aún te niegas a aceptar… deja de una puta vez que tu corazón se rompa para que pueda empezar a sanar… ya está bien, ¡ya!… ¡se acabó!