Opinión

El pepino es español, pero la mierda ¡es alemana!

Siendo muy pequeña mi padre me contó un fábula.  Era un hombre que se la pasaba inventando cosas de la gente, pero un día se arrepintió y decidió cambiar, así que se fue a la iglesia y confesó ante el cura su pecado y le pidió consejo de como deshacer cuando había hecho con su mala costumbre.  El cura le dijo, que debía para empezar, llevarle un saco de plumas. Así hizo el hombre y le llevó al cura las plumas, ante lo que el cura le dijo. “ahora subirás al campanario y botarás desde allí todas las plumas”.  Subió al campanario, y botó las plumas, y el cura le dijo. “ya lo único que te falta para terminar la penitencia, es bajar y recoger todas las plumas que has botado”.  El hombre no salía de su asombro, le dijo que aquello era imposible, que podría recoger algunas, pero no todas, unas se las habría llevado el viento, otras las habría recogido ya algún transeúnte, otras se habrían escondido en sitios insólitos, otras… ¡era imposible! Y el cura, mirándolo con pesar, le dijo: “igual de imposible es que puedas recoger todas tus palabras, porque algunas se las habrá llevado el viento, otras las habrán recogido alguna gente y las guardan en su corazón, otras…”

Por segunda vez en la historia reciente se encuentra España sometida a la maledicencia, al invento puro y duro.  La primera vez fue con la “gripe española” de la que han pasado ya casi 100 años ¡un siglo! Y aún hoy es mucho el que sigue creyendo, que la gripe española ¡era española! Y resulta que no, que la gripe española no se originó en España, sino en Francia, y si se llamó gripe española fue básicamente por tres cosas, la primera, la gran cobertura mediática que tuvo la gripe en ese país, la segunda, que el rey, Alfonso XIII, tuvo el mal gusto de ser el primer personaje famoso en enfermarse, la tercera y de más peso, fue que los aliados tenía miedo de que los alemanes supieran que sus enemigos estaban fuertemente debilitados por una enfermedad.  En pocas palabras, que España ha tenido que cargar con un sambenito histórico, solo porque a otros países les parecía conveniente a sus intereses.

Hoy vuelve a suceder, y otra vez está Alemania metida en el ajo, aunque esta vez como engañador y no como engañado.  Hace pocos días Alemania alertó sobre un brote especialmente virulento de E. coli, y fue tajante: los responsables eran unos pepinos españoles, causantes de la muerte de 15 personas.  Pero resulta que ahora, la misma Alemania, reconoce que en realidad ya se le han hecho los exámenes a los pepinos españoles, y… ¡adivinen! ¡no están contaminados con la cepa que ha causado los muertos! Que de paso, tampoco son 15, sino 3.

Por mayor información, la E. Coli es una bacteria que se encuentra en el tracto digestivo de la mayoría de los animales y que se trasmite por contaminación fecal.

Pero el caso tiene muchas otras particularidades.  Vamos a seguir “la ruta del pepino”.

Descartados los agricultores y la cooperativa encargada del embalaje, podemos seguir con el transporte.  El cargamento de pepinos sale de Málaga el día 12, y llega a Alemania el día 15… ¡pero! aquí es donde la cosa se empieza a poner rara, porque el primer caso data del día 14 de mayo, es decir, un día antes de que llegaran los pepinos.

Sin embargo, los pepinos no llegaron al mercado de Hamburgo en el mismo camión en el que salieron de Málaga, sino que se produce una mudanza cuando son trasladados a un camión alemán.

El camión llega al mercado de Hamburgo, sin embargo no se produce la recepción el mismo día puesto que el mercado elevó quejas por unos pepinos que habían caído al piso del camión, y se hizo la recepción al día siguiente.

También pudo producirse la contaminación en los propios supermercados o fruterías, pero esto es improbable puesto que se han encontrado casos en Suecia y Dinamarca.

Entonces, si descartamos que la contaminación no venía de España, al menos no de los productores, ni de los embaladores y tampoco en los supermercados o fruterías, quedan solo dos sospechosos, el transporte o… ¡el propio mercado de Hamburgo!

Pero la senadora de salud de Hamburgo declaró, monda y linronda, sin tener la más mínima prueba, que la contaminación venía de España, específicamente de los pepinos españoles.  Y ahora resulta que no, que hechos los análisis la bacteria que enfermó a los 15 posteriormente fallecidos (que terminaron en 3) no estaba en los pepinos españoles ¡ups! Pequeño errorcito.

El asunto es que el “pequeño errorcito” de la senadora alemana, le ha costado a España millones de euros en pérdidas, no solo porque los consumidores dejaron de confiar en la mercancía española, sino porque muchos países, de plano, cerraron sus fronteras a España en este rubro.  Ahora, la pregunta es ¿cuanto tiempo tendrá que pasar para que los consumidores recuperen la confianza en el mercado español?  Para eso pueden pasar meses y hasta años, y mientras tanto, el sector se va al garete, junto con miles de empleos y cuantiosísimas pérdidas.

Claro, que la senadora dice que esto es pecata minuta, que eso no tiene importancia alguna, porque la salud pública está por encima de todo, cosa en la que tiene razón, pero ¿sí eso es cierto por qué sencillamente no lanzó un alerta y recogió los alimentos contaminados o creó un cordón sanitario en torno a la infección?

Bueno, yo que soy paranoica voy a hacer un ejercicio de imaginación.  Hasta ahora, tenemos dos sospechosos, el camión que transportó los pepinos españoles, y el propio mercado de Hamburgo.  Sin embargo, al descartarse que fueran los pepinos españoles los causantes de la epidemia, queda solo un sospechoso, el mercado de Hamburgo.

Pero es que el mercado de Hamburgo no es una bodega de chinos, es el mercado más grande de toda Europa, 28 hectáreas de donde se abastece gran parte del continente.  Si el mercado de Hamburgo tiene un problema de contaminación, las pérdidas de los alemanes serían de vértigo.  De suficiente vértigo como para negarlo, y buscar cualquier otra explicación a la epidemia, al menos mientras resolvemos el asunto.

Pero hay algo más de lo que poco se ha hablado, la senadora Cornelia Prüfer-Storcks, la misma que dijo que el problema eran los pepinos españoles, lo viene a desmentir más de una semana después, pero solo luego de que el abogado de los agricultores españoles le demandó mostrar las pruebas de laboratorio que reafirmaran la contaminación de los pepinos.

Me quedan varias preguntas, ¿por qué Alemania acusa a los pepinos españoles de ser culpables de la epidemia si los pepinos llegaron el día 15 y la primera víctima es detectada el día 14? ¿por qué no se recogió la mercancía y se alertó al público que se desconocía el origen? ¿por qué a los alemanes no les pareció raro que aparecieran afectados en todos lados menos en España?

A mi juicio, los alemanes enfrentan un problema sanitario, y buscaron un chivo expiatorio al cual culpar antes que afrontar las pérdidas que se les hubieran producido, y esto lo hicieron sin que les supusiera problema alguno ni la grave crisis que producirían en la ya maltrecha economía española, ni en la salud de su propia gente.

En fin, aparte de cualquier conjetura, hay cosas que están muy claras, el pepino es español… pero la mierda ¡es alemana! Y en más de un sentido.