Opinión

La arepera bicentenaria: lo que importa ¡es el relleno!

Mi amigo Oscar se ha hecho de un puestecito en un blog que si bien empezó siendo exclusivamente mío, ha ido creciendo. Oscar escribe muy bien, tiene una pluma muy original, que lleva a la reflexión con picardía y humor. Yo recomiendo ampliamente leerlo. Cuando le preguntaron el nombre de su sección no tardó mucho en responder: “quiero que se llame La Arepera Bicentenaria, donde lo que importa es el relleno”.

A mi me pareció un nombre muy chistoso, y muy apropiado para alguien que es tan venezolano ¡como la arepa!

De eso han pasado un montón de días, y no había yo pensando más en el asunto hasta hoy, cuando por razones que no vienen al caso me di cuenta de cuanta profundidad tiene esa frase: “La Arepera Bicentenaria, donde lo que importa es el relleno” ¡carajo! Que bien, es cierto, la arepa es el centro de todo, no hay símbolo más adecuado que la arepa para lo que significa el ser venezolano, y sin embargo, lo que importa, es el relleno.

No he conocido nunca a nadie a quien no le guste la arepa, lo que puede no gustarles es un relleno determinado. A mi no me gustan las de caraotas ¡yeak! Ni loca me como yo una arepa con caraotas, pero las de pernil me encantan, seguidas de las de perico y las de queso amarillo. Aunque tampoco es de despreciar la arepa solo con una capita de mantequilla ¡uhmmm! ¿y si le ponemos nata? ¡wao!

Es que es una paradoja, sin arepa no hay nada, pero en la arepa ¡lo que cuenta es el relleno! ¡valgame Dios! ¡que genialidad!

Estando en España me llega un día el cocinero, que habiendo ido a escuelas de cocina muy especializadas, decidió que el quería saber como se hacía una arepa, y me pregunta ¿cual es la receta de una arepa? Le dije lo que sé, que la base es harina precocida de maíz y agua, pero que en realidad hay tantas recetas como personas, cada quien le pone su punto, hay quien le pone leche, otros huevo, algunos le añaden alguna especia, y por ahí se van las distintas combinaciones. Con estas instrucciones se me va el españolito a su cocina, y con la libertad dada a la receta él decide que sus arepas no se amasan con agua, ni con leche ¡sino con caldo de cocido gallego! Y les puedo jurar que en mi vida he probado unas arepas tan buenas como las de ese niño, y si las rellenaba con un revuelto de huevos con chorizo español, ya eran la gloria.

Hasta hoy siempre he dicho que Venezuela tiene el orgullo de ser el crisol del mundo, un sitio donde pueden fundirse todas las razas, los colores, los acentos y las costumbres, pero hoy, gracias a mi amigo Oscar, me doy cuenta que Venezuela, mi amada Venezuela, es.. ¡una arepa!

La arepa, la humilde arepa, que puede ser el plato único de la mesa más humilde, tanto como adornar el desayuno del más rico, y es que es tan ella, que hasta se pude vestir de gala para servir de lujoso canapé en forma de arepitas mínimas en fiestas de gran copete. Así se pasea ella sin complejos entre batas de algodón, trajes de tenis o vestidos de lentejuelas, le da lo mismo, ella a donde vaya, queda bien, porque su importancia consiste en poder ser el contenedor de cualquier cosa para agradar a todos.

Una de las cosas que más me impresionó siempre de mi Venezuela, era pasear por Plaza Venezuela, nombre muy apropiado por demás, donde en muy poco espacio podías ver una sinagoga, una mezquita, una iglesia Católica Romana, otra Ortodoxa, y algún templo evangélico y todos en Santa Paz. Sin duda alguna a Dios aquello tiene que gustarle mucho, digo yo que lo verá con ojos de agrado, tiene que ser bonito ver que en un mismo sitio lo alaban, y sin importar que le digan Dios, Alá o Jehová, lo hagan en paz y armonía. Porque en Venezuela eso es posible, lo que importa es el relleno.

He visto arepas rellenas de pulpo a la gallega, yo no las he comido, no me parece apetecible, pero el asunto es que las hay, y si las hay es porque habrá a quien le gusta, y seguramente no serán exclusivamente gallegos.

Yo no recuerdo la primera vez que vi un chino, ni un portugués o un italiano, los recuerdo de toda mi vida. Una tía mía, a la que adoro porque tengo lindos recuerdos de mi adolescencia, es hija de un trinitario, un trinitario rubio, de ojos azules, algo atípico, con su acento de media lengua, sin embargo, era venezolano como el que más.

A diferencia de otros pueblos, los venezolanos somos muy variaditos, los hay negros, blancos, amarillos, con acentos también variados, así vemos venezolanos con acento español, portugués, italiano, colombiano, ecuatoriano, peruano, chino, árabe y vaya a saber cuantos más. Yo tengo una amiga, venezolana sin duda, y habla con el acento chino de sus padres. ¿Volver a china? ¿a qué? ¡yo soy venezolana! Eso me dice.

Son muchos los extranjeros que han llegado a lo largo de 200 años a estas tierras, seguro con la idea principal de venir, hacer un dinerito y devolverse a “sus” tierras, pero pasados unos años, conocen alguna persona especial, quizás de su mismo origen de nacimiento, quizás no, quizá nacida en otra tierra que tampoco es esta, ni aquella, sino otra, luego vienen los hijos, y ya a esas alturas se dan cuenta que “su” tierra, es esta, y no aquella que algún día dejaron con la esperanza de volver.

Trabajo, nietos, viviencias, recuerdos… Al final va a ser cierto aquello de que la vaca es de donde pace y no de donde nace.

¿Que este país es una mierda? Así me lo han dicho, pero no se debe olvidar que en un país, como en la arepa, lo que cuenta es el relleno, y el relleno somos nosotros, nosotros, los nacidos aquí, los nacidos fuera, los hijos de nacidos fuera, los hijos de los hijos de los hijos de nacidos aquí ¿a quien le importa? importa que estamos aquí, que somos, que vivimos, que luchamos día a día por mejorar… ¡el relleno! Cada quien, sin importar su acento, ni su color, ni si come pabellón, asado negro, pulpo, paella, bacalao, espaguetis o arroz, o si nació aquí o allá, somos el relleno, y cada quien con su gusto, con su sabor, debe rellenar esta arepa de la mejor forma posible.

Que bueno, ocurre que justo en estos momento hay uno que siendo el administrador circunstancial de la arepera, se jura el dueño, y para rematar ni es buen administrador, es una mierda que tiene el budare hecho un asco, y que en vez de invertir en harina de buen calidad se ha dedicado a subvencionar a los restaurantes de sus panas, en detrimento de su humilde y servidora arepa, la culpa no es definitivamente de la arepa, sino del administrador, pero debemos cambiar eso, empezando por entender que la arepa no es ni será jamás una mierda, que la arepa es una de las mejores cosas que se han inventado, porque al final de cuentas le ha quitado el hambre de la misma forma al más pobre y al más rico. Y ha sabido, con la misma simpleza siempre, ir a la mesa en un plato de peltre, en una bolsita de papel, o en una bandeja ricamente adornada.

A mi el que me diga que una arepa es una mierda, le veo como un solemne pendejo, pendejo y encima inútil, que no ha sabido rellenar la arepa de buena forma y a su gusto, y como no sabe le sale más fácil irse a otro lado a hablar pendejadas de la arepa.

Si podemos, y sé que podemos porque en el pasado hemos podido, nuestros padres, nuestros abuelos, han enfrentado dificultades más grandes que esta, han vivido guerras, recesiones, devaluaciones, tiranías, golpes de estado, y nada les detuvo jamás, la prueba es aquí estamos, acostaditos en el budare. ¿Cual fue la vida de nuestros padres? Sean sinceros, ¿no pasaron épocas más difíciles que las que pasamos nosotros hoy? Y salieron adelante, más aún, nos sacaron adelante a nosotros, ¿es o no es? Aquí el único que no es venezolano, es Hugo, que tiene en la cabeza un ajiaco con congrí, y segurito que desayuna un plato de moros con cristianos, entonces, el que sobra, es él, no yo, ni tú, ni mis hijas, ni tus hijos, sobra él, que no quiere que aquí se coma arepa, que no acepta que la arepa es indispensable, pero lo que importa, como tan acertadamente dice mi amigo Oscar ¡es el relleno!

¡Arepas del mundo! ¡uníos! la lucha no es por la arepa ¡es por el relleno!