Opinión

El comemierdismo de Jorge Vargas

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Tuve la desgracia de ver un video del “señor” Jorge Vargas, un canario, que está en Canarias (a Dios gracias), y que dice no ser xenófobo a la par que vomita cualquier cantidad de lindezas sobre los “venezolanos” ¿que por qué pongo el “venezolanos” entre comillas? Porque él se refiere específicamente a los retornados, es decir, a los canarios o hijos de canarios que han regresado a las islas.

Mi primera reacción fue la indignación más absoluta, ¿que se cree este comemierda? ¿es falso acaso que fue mucho el dinero generado en Venezuela que fue a parar a familias canarias movilizando su economía? Que fue dinero trabajado, muy cierto, muy sudado por canarios, pero lo fue en Venezuela, no en Canarias, donde no había en aquel entonces la oportunidad de ganarlo, como sí la había aquí.

Llegada a este punto, me volví un pastel, porque mi primera reacción fue de rechazo hacia los canarios, representados en ese momento por este señor, y conste, que lo de señor, es un decir. Pero recordé a mi abuelo, a quien a pesar de lo mucho que amaba su patria, España, específicamente Canarias, y del dolor de vivir alejado de ella, jamás le escuché una palabra despectiva hacia esta tierra, por el contrario, le escuché hablar de sus maravillas.

Y claro está, recuerdo mi propia experiencia en tierras ibéricas. Conocí mucho comemierda, todo sea dicho, como la imbécil que se sentó un día frente a mi a decirme: “yo no soy racista, que yo respeto mucho a los negros que no tienen la culpa de haber nacido así, pero me agobia ver tanto negro”. O al otro que decía que las razas no deben mezclarse, ni debe un país tomar las costumbres gastronómicas de un país con otro (y eso lo decía un tipo que se ponía morado de comer papas, originaria de América como es bien sabido).

También conocí a uno, nacido en Maracaibo pero criado en España, que me hablaba de lo flojo y poco trabajador que es el venezolano, y esto lo decía un martes a las 10 de la mañana mientras tomaba cerveza. Y ni hablar de una que tuve la desgracia de tener en una mesa cercana a la mía mientras me tomaba un café y la escuché decir que estaba hasta el gorro de tanto sudaca.

Pero también conocí a una niña que trabajaba para Cáritas, que vivía la pobre ayudando a los retornados e inmigrantes en lo que pudiera, o al cocinero que teníamos trabajando para nosotros, un niño servicial y trabajador como el que más, que se aguantaba pacientemente y hasta con una sonrisa mi broma diaria, cuando entraba y lo saludaba con un “derrotado y cautivo el ejército rojo…” (es que era anarquista el pobrecito).

Conocí españoles, retornados, que extrañaban volver a Venezuela, como conocí venezolanos que eran una verdadera plasta, especialmente cuando se encontraban con otro venezolano.

De los cuentos de familia, pues historias hay de todo, lo mismo la mujer llamó campesino a uno de lo mios, aún cuando lo único que conocía del campo eran las vacaciones escolares, como el señor dispuesto a dar empleo porque le parecía “gente honrada”.

Y se me pasó la indignación, porque caí en cuenta de algo, en España hay españoles y extranjeros, como en Venezuela hay venezolanos y extranjeros, pero como regla cierta e inevitable, la verdad es que en todas partes hay comemierdas. Y este señor Jorge Vargas, es eso, un comemierda, pudo haber nacido venezolano, ruso, francés o polaco, y con toda seguridad, igualmente sería un comemierda. El comemierdismo no tiene gentilicio.

Pero ¡cuanto daño hacen estos comemierda! Porque fomentan el odio, el resentimiento y la discordia, donde pudo existir paz y prosperidad. Hugo mismo, siendo venezolano nacido en Venezuela, no cabe duda, es un comemierda de grandes ligas. De hecho, si me preguntan… y casualmente ¡mira por donde! Se me pareció a un paisano, Mario Silva, y digo paisano porque da la casualidad que también es canario. Pero puestos a ver, Mario Silva no es peor que Nolia, que sí es venezolano-venezolanito. ¿Se dan cuenta? Un comemierda es un comemierda, es una cosa congénita, da lo mismo donde hayan nacido o vivan, independientemente de su color de piel, estatus económico o social, si creció entre rosas o espinas, será un comierda hasta el día de su último suspiro. Eso no se cura.

Hay comemierdas con balcón, es decir, comierdas que pueden vomitar al mundo su comemierdismo porque les han dado la oportunidad, y valgan los ejemplos ya expuestos de Jorge Vargas, Silva o Nolia.  Están los de aún mayor difusión, como el mismo Hugo, pero no se debe olvidar que también están los comemierda locales, esos que todos alguna vez hemos tenido como vecino, compañero de trabajo, y como no, a veces hasta familia.

A tanto llega el comemierdismo del señor Jorge Vargas, que habla muy molesto de los “canarios expropiados en Venezuela”, sin caer en cuenta que esos mismos canarios, muchas veces huyendo de las expropiaciones, son los que han ido a parar allá, para que él arrugue su fina nariz llamándolos “venezolanos”, con cara de asquito.

El inmigrante, y a veces hasta sus hijos, tiene una gran desgracia, y es verse siempre perseguido por comemierdas, el inmigrante se queda sin patria, al irse, la suya deja de serlo por completo, y la que lo recibe, nunca lo será completamente, a menos que… a menos que renuncia a su historia, a su legado, a sus costumbres, a una parte de sí mismo.

Una razón de porque hemos de luchar por esto que nos tocó como patria, y empezar a merecerla, muy a pesar de los comemierda, que aquí también se dan y con abundancia. Y estar claros, que nuestra lucha no es contra venezolanos o extranjeros, ricos o pobres, azules o rojos, sino contra el comemierdismo.

Por último, y solo para dejarlo claro, esos que dicen que no se siente orgullosos de ser venezolanos: Nadie debería sentir orgullo de algo que al fin de cuentas es fruto del azar, el mérito es hacer que la tierra que a uno lo vio nacer, se sienta orgullosa de sus hijos, no al contrario.

Decía el genial Cela que el nacionalismo era creer que se había nacido en el mejor sitio del mundo, y que eso se cura viajando. El patriotismo es creer que el sitio donde uno nació se merece todo el amor del mundo, y eso, se agrava viajando.