Opinión

¡Que país tan aburrido!

No sé que edad tenía yo, pero ya era grandecita, unos 14 años quizá, y en la Av. Páez de El Paraíso vería un hecho que transformaría mi vida, una revelación divina ¡Dios me hablo! y me sumiría en el estupor más grande de cuantos recuerdo, vi… ¡un perro cruzando la calle.

¿Que pasa? ¿cual es la risa? A cada quien Dios le habla como le da la gana, a Moisés le habló en forma de árbol en llamas, y a mi como perro cruzando la calle.

En fin, que va el perrito a cruzar la calle, y aunque iba a la esquina en diagonal de donde estaba, cruzó primero hacía la esquina del frente, y luego a la otra, es decir, en forma de “L” en lugar de en diagonal, como suele hacer la gente por economizar tiempo. Claro, que lo mismo en la economía se los lleva un carro por delante y les sale más tardado.

Es lógico, si cruzamos una calle en diagonal tenemos que manejar 4 direcciones de tráfico, la dos que vienen por delante y por detrás, y las dos que nos vienen de izquierda a derecha y viceversa. Es jodido, principalmente porque no tenemos ojos en la parte trasera de nuestro cuerpo, bueno, al menos no ojos videntes.

Y ahí estaba yo, con mis catorce años, más o menos, con la boca abierta por ver a un perro cruzar la calle y comparar la conducta del perro con la de la gente, llegando a una conclusión trascendental que aún hoy me cuesta asimilar… ¡la gente no usa la lógica! ¡que arrecho! ¡increíble! La raza más evolucionada del planeta, los reyes de la cadena alimenticia ¡no usan la lógica!

La razón de mi estupor es que todos nos usamos a nosotros mismos como referencia de lo que es “normal”, si uno es de los que cepilla los dientes antes de tomar el café de la mañana, le parecerá insólito y una cochinada quienes no lo hacen, aún cuando cepillarse los dientes para ensuciarlos en seguida con café sea todo un absurdo. Así somos.

Y como quiera que para mi la lógica es vital para los actos más cotidianos, pues me resultó totalmente asombroso que la generalidad no usara lo que para mi era vital.

En fin, que así estamos, es lo que hay.

En un foro la gente no entiende porque el foro se ha convertido en un cochinero, y no lo entiende la misma gente que se dedicó a joder a otros foristas, abriendo las puertas a la anarquía y el irrespeto, que hicieron que el foro se convirtiera en cochinero.

Los políticos que por sacarse de en medio a un competidor usaron las instituciones, pervirtiéndolas para ese fin, ahora se asombran porque las instituciones está pervertidas y ellos mismos se han convertido en sus víctimas.

Algunos otros gritan y claman al cielo, porque no se respeta la propiedad privada cuando ésta se expropia en nombre del bien común, pero esos mismos sentencian con aplomo que el dueño de un local no tiene derecho alguno a decidir si en su propiedad se fuma o no se fuma, y lo dicen con el argumento moral de que “es por el bien común”.

Se quejan de la escasez, al mismo tiempo que piden que se regulen los precios de tal o cual artículo. Los productores exigen libertad de mercado para poner sus precios, al mismo tiempo que piden que se amarre al mercado para proteger su industria.

¡Amárrame que quiero ser libre! ¡mátame que quiero vivir! Y no ven lo absurdo de su conducta, no ven el daño que se hacen a ellos mismos. No solo no lo ven, sino que si por cosas de la vida se los haces notar ¡se arrechan!

¿Y yo que puedo decir? ¡me aburro! Me aburro terriblemente. Antes me molestaba, me asombraba, y hasta miedo me daba, pero hoy, me aburre, que un tipo que me dice que “los venezolanos que toman vino son snob, porque lo nuestro es el ron” se ofenda cuando le digo que está como Hugo cuando nos dice que es mejor no comer pan sino yuca, que es lo autóctono ¡me aburre! Ya no me causa asombro, ni miedo. Ha pasado tanto que ya no puedo más que bostezar.

Cada día me cuesta más escribir, porque cada día encuentro todo más soso, más necio, más fútil. Es como si te sentaras en un sitio donde puedes ver que una piedra en el camino hará a la gente tropezar, a los primeros los adviertes, pero viendo que no te hacen caso, te sientas a ver. Los primeros te dan risa, pero luego de un rato de ver lo mismo, te aburres.

Pues eso, me aburro ¡que murria! ¡que ladilla! Que fastidioso y aburrido es ver a un país que ha decidido suicidarse porque morir es más fácil que pensar.