Opinión

Sebastiana y Lina

Mi amiga Sebastiana le escribe hoy a su amiga Lina Ron, y yo como soy copiona, le escribo a ella. Bueno, en realidad Sebastiana Barráez no es mi amiga, apenas intercambiamos un par de Twitts.

Creo que fue un sábado, estaba yo tan tranquila en mi sillita, viendo la pantalla cuando leo: @SebastianaB No todos los militares apoya a Chávez. ¡Carajo! Me faltó tiempo, ahí mismito me fui yo: @ErneMogollones Tampoco impiden los desmanes, es lo mismo. Claro, la cosa no podía quedar así, seguimos: @SebastianaB Ellos solo siguen órdenes. Y yo, dale, que tampoco es que sea mocha: @ErneMogollones esa excusa no sirve desde Neuremberg. Y ya como para terminar: @SebastianaB Tiene razón.

Aquí es donde yo digo que de ahí nació una entrañable amistad, pero paja, no nació nada. Ella sigue en lo suyo y yo en lo mío.

“Tienes razón” me dijo la Barráez, sin querer comparar, el mismo “tienes razón” de los esbirros de Gómez, “tiene razón, pero va preso”.

A mi me gustaría decirle a Sebastiana o más bien preguntarle ¿que opinaría ella de de un defensor de Hitler? ¿y si yo defendiera a Hitler? Bueno, es que el tipo tampoco era tan malo, fundó muchas obras buenas para huérfanos y desposeídos, levantó la economía alemana, era amante de los animales y la naturaleza. En general se portaba muy bien con los alemanes, claro, siempre que esos alemanes no fueran judíos, gitanos, homosexuales, comunistas u otras cositas, pero en general era un tronco de tipo.

Y aquí es donde Barráez seguramente me contesta: “Chica, pero fue un asesino, mató un montón de gente” y yo, con toda la cachaza le puedo decir: “Ah no mija, pero yo lo amo, amo a mi genocida” Y Sebastiana, supongo, con esa tolerancia que la caracteriza, me dirá que entonces ve muy bien que yo promueva un movimiento nazi, porque “sobre el amor no se discute” o una babosada por el estilo.

¿Que por que hago el paralelismo? Porque acabo de leer un reportaje de Barráez sobre su amiga Lina Ron, un reportaje lacrimoso y sensiblero donde apenas falta una solicitud de canonización para Ron. No es la primera vez, pasó lo mismo con Tascón, por el que pidió “respeto”, ya que él, según la periodista, nunca quiso hacer daño. Ya, no quiso, pero lo hizo, y que sepa jamás pidió perdón a los afectados ni se opuso a o que se estaba haciendo con su “obra”.

Si por la periodista fuera, nunca hubiera existido “Nuremberg”, todo sería perdonado, da lo mismo matar, que robar, violar o torturar, no hace falta ni pedir perdón por los males hechos, con decir “a mi me mandaron”, “yo lo amo” o “es que no fue mi intención” ¡pelillos a la mar! Venga, una palmadita en las espaldas, una sonrisa indulgente y tan amigos como siempre.

¿Sabe que pasa amiga Barráez? Que la indulgencia con los que hacen daño, hace daño, lastima y duele. No solo porque es abrir la puerta a la impunidad más absoluta, sino porque es cagarse en el alma de las víctimas. Cierto es que los juicios de Nuremberg no repararon el daño hecho a judíos y no judíos del holocausto, no devolvió vidas, ni salvó de tantos traumas, pero al menos fue un bálsamo para aliviar el dolor de la injusticia, al menos evitó que el resentimiento contra la humanidad, esa humanidad que permitió por una cosa o por otra que eso pasara, fuera atenuado.

Entiendo, señora Barráez, que Lina haya sido su amiga, pero entienda usted que fue, porque ella así lo quiso, el “coco” que en gran parte ayudó a establecerse con fuera a este régimen, del que espero que no haya que darle detalles sobre su iniquidad. Lina, Lina y sus pistoleros, Lina y sus malandros, Lina y sus amedrentadores. Lina, la sombra presente en toda marcha o protesta.

¿Que usted tiene derecho a hablar lo que quiera de su amiga y defenderla? ¡tiene razón! Pero espero que no neguemos que el mismo derecho tengo yo a defender la dignidad de todos aquellos compatriotas, algunos también muy amigos míos, en lo que este régimen se ha cagado y meado.

Amigos tenemos todos, Luisa Estela Morales, Diosdado Cabello, Jesse Chacón, Elías Jaua ¡seguro que todos tienen amigos! Y más seguro todavía que alguna cosa buena y digna de alabanza han de tener, pero pesa más, muchísimo más, que son, al igual que lo fue Lina, pilares fundamentales de este oprobio que tenemos por gobierno.

¿Quiere hacerle un favor a su amiga? ¿quiere hacerle un favor los militares? ¿quiere hacerle un favor a Tascón? ¡cállese! No diga nada, porque cada vez que sale en su defensa, solo alimenta la sensación de injusticia, el hambre de venganza, el resentimiento y el odio, en este caso, mucho pero muy justificado.

Señora Barráez, todos en esta vida somos responsables de nuestras acciones, eso moralmente, y judicialmente, ya el argumento de “solo seguía órdenes” no sirve, ya los demás, como “es que yo lo amo”, ni sirven ni han servido nunca. Lina Ron, en vida, tomó la decisión de apoyar la muerte, la barbarie y la tiranía. Esa fue su decisión, nadie la obligó, lo hizo libremente.

Cuando tomó esa decisión, aceptó las consecuencias, que las víctimas de esa tiranía, la odiaran en algunos casos, y la despreciaran en otros. Murió, punto, y quienes por ella se sintieron lastimados o amenazados, no pueden expresar otra cosa que no sea alivio y hasta alegría.

No me venga con el argumento estúpido de que murió un ser humano, ese ser humano lo conoció usted, y lo perdona usted, peor aún, no le ve culpa alguna. Para el resto no ha muerto un ser humano, ha muerto una herramienta, instrumento, eso y no otra cosa fue Lina Ron, y lo fue porque personalísimamente decidió serlo.

Créame, nadie lloró en público la muerte de Hitler, por el contrario, se celebró, se dio gracias al Creador por haberse llevado semejante inmundicia. Cuando uno se dedica a sembrar dolor y muerte, solo la muerte puede devolver la alegría y mitigar el dolor.

Su legado no fue otro que la siembra del miedo. Ya está en la tierra, con una lápida bien pesada sobre ella, ya no da miedo ¿como puede alguien ponerse de luto por la muerte de miedo?

De mi parte, no me alegra, ni me entristece, ni nada, tampoco hago fiestas ni guardo luto cuando fumigo mi casa por el “lamentable deceso” de bichos y roedores.

Estos son tiempo extremos, donde hay tres bandos, el de los victimarios, el de la víctimas y el centro. Pararse en el centro es duro, durísimo, porque exige silencio, exige de no apoyar a los victimarios, ni atacar a la víctimas. Lo que no puede es pretender pararse en el centro y decir que los victimarios, después de todo no son tan malos.