Opinión

El extraño caso del Dr. Izarra y Mr. Rizarra

Hay casos que pueden parecer muy extraños, pero que a la luz de la moral revolucionaria son perfectamente explicados, después de todo ya Lenin nos dijo que “la moral revolucionaria viene determinada por los requerimientos de la lucha de clases” y en eso se diferencia por completo con respecto a la moral burguesa, que debe ser absoluta y no relativa.

Dicho así puede sonar un poco complicado, pero en realidad es muy sencillo, matar, por ejemplo, es malo en la moral burguesa, no importa a quien se mate ni porque razones, es malo. Sin embargo en la moral revolucionaria matar puede ser bueno o malo, eso dependerá de si es o no beneficioso a la causa revolucionaria.

Hace algunos meses vimos al ex-ministro Izarra como participante de un programa de CNN, que entre otras cosas tocaba el punto de la delincuencia que azota nuestro país y que ha sembrado lágrimas por galones en las familias venezolanas. Las cifras de muertos por la violencia al camarada Izarra le producían hilaridad. Escribí entonces una carta abierta al camarada Izarra, donde le señalaba otra de las máximas de Lenin: “una muerte es una tragedia, un millón de muertes es solo una estadística”. Después de todo, aunque puede ser de mal gusto, es fácil reírse de una estadística, no así de una tragedia.

En esta semana que transcurre el risueño ex-ministro Izarra ha sido tocado por la tragedia, y se ha producido una gran transformación en él, que al pasar a ser una estadística ha trocado su risa en insultos despechados.

Pero hay más en este extraño caso, muchas aristas que por decir lo menos, causan curiosidad, esas cositas que hace que algo pase a ser objeto de análisis, independientemente de que el protagonista sea público o no.

Las personas públicas, por regla general, tienen dos identidades, es decir, cuando se trata de sitios como Internet suelen tener dos cuentas, una, la pública, por la que se comunican con todo el mundo, y la privada, que es para comunicarse con su entorno íntimo. Porque las personas públicas en realidad son personas corrientes y molientes, con familia, amigos y vida. Definitivamente no esperamos ver publicado en la cuenta Twitter del presidente Santos, por ejemplo, algo como “María Clemencia me vio buceando a la ministro Bessudo. Hoy duermo en la sala”, aunque sus amigos si que podrían leerlo.

Pues bien, el caso es que presidente de Telesur, Andrés Izarra, tuvo esta semana un suceso lamentable en su familia, su esposa, embarazada de niñas gemelas, tuvo una lamentable pérdida y fue hospitalizada en la muy prestigiosa (y cara) clínica privada Leopoldo Aguerrevere, donde fue atendida supongo que en concordancia no solo con el dinero pagado, sino con la posición de su esposo dentro del gobierno nacional.

Aquí es donde empieza lo extraño del caso, el señor Izarra, entre las primeras cosas que hizo, fue… ¡compartir su tragedia familiar con sus seguidores de Twitter! Cosa definitivamente insensata, más si tomamos en cuenta que por ser quien es y apoyar lo que apoya, tiene muchos detractores. Y según se destila de las últimas elecciones parlamentarias, la verdad es que tiene más detractores que admiradores.

Ya aquí la cosa es rara ¿como un padre destrozado por el dolor de la pérdida de sus hijas nonatas sale corriendo a gritar su dolor por Twitter? ¡Misterio! Pero la cosa sigue.

Un Twittero se hace (y le hace) la pregunta lógica ¿por qué la esposa del alto funcionario fue atendida en un clínica privada y no en uno de los muy prestigiados y eficientes módulos de barrio adentro?

La respuesta no se hizo esperar, y fue digna de cualquier alto funcionario de la revolución, una respuesta cargada de diplomacia, tolerancia, respeto y sobre todo, lenguaje de alto nivel: “Asco das tu fascista maldita. Da la cara! Cochina perra!

Y es aquí donde lo extraño se torna extravagante. El adolorido padre, mientras su mujer, según sus propias palabras, no deja de llorar y su hija reclama por no entender porque ya no verá a sus hermanitas, se dedica a pelear ¡por Twitter!

Yo, que soy de imaginación muy gráfica, no puedo dejar de ver en mi cabeza el cuadro, la esposa llorando, la niña de 4 años desconcertada por la noticia y el llanto de la madre, y el cabeza de familia, el hombre proveedor y protector, paseando de un lado a otro Black Berry en mano, enfurecido cual diablo picado de escorpión, defendiendo el honor de su familia ¡por Twitter!

Tampoco puedo dejar de imaginar a los padres de la esposa lamentando profundamente que la hija haya hecho un matrimonio tan desafortunado. Yo al menos lo pensaría: “pero hay que ver que mi hija no pudo elegir peor”.

Honestamente, ahora entiendo porque no hay buenas productoras de novelas comunistas, es que en eso son muy, pero muy malos.

La impresión que da, y es bien lamentable, es que el presidente de Telesur usó su tragedia, el dolor de su esposa y el desconcierto de su hijita de 4 años, como arma política para armar toda una novela.

Que iba a ser atacado era algo que él sabía, no podía ser distinto en un país donde él mismo, entre otros seguidores de Hugo, se ha dedicado a la polarización y la siembra de odios, y mucho más si tomamos en cuenta que hacía muy pocos meses que se había reído de todo un país y sus muertos.

No es creíble el dolor de padre desconsolado, en primer lugar porque aunque la pérdida de un embarazo siempre es dolorosa, nunca será ni siquiera parecido al dolor de la muerte de un hijo nacido, al que se ha tenido en brazos, se ha tocado y acariciado, por cruel que pueda parecer, al menos para el padre, la relación con el embarazo siempre es algo lejana y ajena.

En segundo lugar, porque de ser cierto el dolor, lo menos que haría cualquiera con sentimientos reales es hacer ese dolor público a consciencia de que será motivo de gozo para algunos, porque sí, estemos claros, más de uno se alegró.

Aquí yo tengo que hacer una aclaratoria, a mi en lo particular no me alegra, ni siquiera eso que dicen de “me entró un fresquito”, tampoco lo lamento ni me duele, no nos caigamos a coba, la verdad es que la noticia, para mi, es solo una estadística, y como no soy responsable de esa estadística, no me da ni frío ni calor.

Y he aquí como termina el extraño caso del risueño Mr. Rizarra, quien una vez tomada una posición de desgracia por el aborto de su esposa, se convirtió en el adolorido Dr. Izarra.

Como nota al margen, mientras esta tragedia ocurría, otra se desarrollaba en otra parte de la ciudad. Un matrimonio, policías ambos, lloraban la muerte de su hijo más pequeño, que murió por no tener seguro, aún cuando se los descuentan de su sueldo, porque el gobierno (es una forma de hablar) les descuenta el dinero a los funcionario, pero no paga a las aseguradoras y encima, los hospitales no sirven porque no están dotados ni para poner un yeso. La diferencia es que mientras estos padres sufrían esta tragedia, no lo ventilaban por Twitter, ni usaron su pérdida como arma política.

Es probable que el presidente de Telesur lamente la falta de olfato y sentido de la oportunidad de sus hijas nonatas y su esposa, porque habiendo abortado un mesecito antes, algunos voticos le hubiera aportado a la revolución.

Definitivamente, la moral revolucionaria viene determinada por los requerimientos de la lucha de clases, y si el requerimiento es lavarle la cara a la revolución “humanista” a la que le da risa la muerte del “pueblo”, pues usar de trapo de limpieza la pérdida de un hijo, es moralmente aceptable.