Opinión

Cotorrero

Si hay algo que no se puede poner en duda de Venezuela, es que el día a día de este país es “pintoresco”, aunque en honor a la verdad no sé si cataloga en la primera acepción de la palabra según la RAE (se dice de los paisajes, escenas, tipos, costumbres y de cuanto puede presentar una imagen peculiar y con cualidades plásticas) o en la tercera (estrafalario, chocante), en todo caso, de que es pintoresco, lo es.

Estaba yo el día de hoy haciendo una pausa infernal en esta hermosa sucursal del cielo que es Caracas, sobre todo en estos días en que comenzadas las clases uno no puede más que mentarse la madre cada vez que sale y está en un cola sintiéndose un pollo en brasas, solo que sin dar vuelticas. En fin, que me estaba yo tomando un juguito de naranja en un establecimiento cuando llega un muchacho de unos veintipocos años a cambiar una buena cantidad de monedas, y claro, con la consecuente explicación que dio para cambiarlas por billetes, explicación que, como no, fue muy “pintoresca”. Así nos enteramos, los que queríamos y los que no, que las monedas correspondían a que el muchacho trabaja como cotorrero… ¿es o no es pintoresco? Así mismo, ese es su trabajo, o al menos así lo califica él, “yo trabajo de cotorrero en las camionetas, yo no me caigo a cuentos, yo meto mis cotorras, eso sí, nada de enfermedades porque eso es malo, no se hace”.

Así me vengo yo enterar, o más bien a cobrar consciencia, de esta novedosísima profesión en Venezuela, “cotorrero”. No puede evitar pensar las veces que he escuchado las distintas “cotorras”, que si tengo un hijo enfermo, que si se nos murió un pana en el barrio y no tenemos como enterrarlo, que si me faltan no sé cuento bolívares para comprarme un medicamento para tal enfermedad, y el infaltable “acabo de salir del reten, aquí tengo la boleta de excarcelación y busco dinero para irme a mi casa”. Recuerdo las veces que pensando que puede no ser cierto, o sí, desembolso unas moneditas para el pobre desafortunado en desgracia. Sí, lo sé, soy una pendeja ¿y qué? ustedes también han caído al menos una vez, y el que no que lance la primera piedra.

Me llamó la atención la “ética” del asunto en la profesión, él no se cae a cuentos (cotorrero dixit), a cuentos le cae a los demás, esto me deja ver que sabe de alguna manera que lo que hace está mal, aún así lo hace. Es lícito, yo también hago cosas que sé que están mal y aún así las hago. Sin embargo, sobre enfermedades no miente, piensa el muchacho que eso es malo, entiendo que lo suficientemente malo como para no hacerlo.

En fin, llego a casa, el calor me asfixia, y hago lo de rigor, aplastarme en mi silla frente a la computadora con el ventilador a todo mecate, a leer noticias y foros de mis dos tristes y menguadas patrias. Hugo I de Las Mercedes dice (por cienputésima vez) que su gobierno tiene que mejorar la estrategia de comunicación, parece que no bastan sus jornadas de 8 horas diarias de habladera de paja, porque la “oligarquía” aprovecha que casi no se comunica el pobre ser, para tergiversar sus ideas, la MUD, no puede faltar, habla de unidad y de rectificar los errores del pasado, el gobierno, es decir, Hugo, retrocula con la fecha tope de alistamiento militar, o lo que es lo mismo, que se perdieron cualquier cantidad de horas hombre en este país para que la gente hiciera una cola para una vaina que no va.

De otro lado del charco el adalid de los derechos humanos, super Zopilote, que digo, super Zapatero, el de las reuniones de importancia planetaria, prefiere no opinar sobre el caso del Nobel disidente chino, no sea que los chinitos se nos arrechen y se joda la parte crematística, mientras que el jefe de la Guardia Civil, misma a la que el embajador venezolano (el que ve la verdad en los ojos de la gente) acusa de haber torturado a las pobres inocentes palomitas etarras para que dijeran que en Venezuela se entrena ETA, pues este señor, para desconsuelo de los guardia civiles, no solo no defiende a sus subalternos, sino que con todo el hocico sale a lavarle la carita al embajador de Venezuela ante España.

Entonces viendo esto pensé que realmente vivimos en una sociedad sumamente injusta. En un sociedad realmente justa, donde todos tuviéramos las mismas oportunidades, el “cotorrero” de hoy habría tenido una carrera realmente brillante como político, es más, muy probablemente habría llegado a presidente.

Realmente los políticos, hombres que deberían ser admirados, respetados y hasta dignos de agradecimiento por parte de los ciudadanos comunes, se han convertido en simples y vulgares cotorreros, mienten, engañan, se inventan cuentos con el fin de sacarnos, no unas cuantas monedas, sino unos votos, y ya con esos votos en el bolsillo, se dedican a desangrarnos sin pudor ni recato.

No se montan en camionetas, no, ellos lo hacen en televisión, y en radio, vamos, cotorreo masivo. Usan, al igual que los cotorreros, nuestros sentimientos, nuestros miedos y nuestros deseos. Y al igual que a los cotorreros, un día, dejamos de creerles, y la fuente de los sentimientos se acaba, así teniendo dinero en los bolsillos no les creemos ni les damos.

Al igual que los cotorreros, no les entiendo ¿por qué no trabajan? ¿no podrían acaso por medio del trabajo honesto sacarnos mucho más dinero? ¿no sería mejor para ellos mantener nuestra confianza en vez de botarla en unas pocas monedas/votos?

Los ciudadanos comunes hemos dejado de creer en la política y los políticos, y ahora encima con aire de ofendidos y superioridad moral nos llaman “antipolíticos”, cuando lo cierto es que los antipolíticos son ellos, que han destruido el pilar fundamental de la política.

La política, la verdadera política, se basa en la confianza, estás delegando parte de tu libertad en otra persona, porque no tienes tiempo, o ganas, o lo que sea, pero estás delegando tus derechos.

¿Por qué lo hacemos? Pues por lo mismo que delegamos en el panadero la tarea de hacer el pan que comemos, en el ingeniero la construcción de nuestras viviendas, puentes y caminos, en el zapatero la hechura de nuestro calzado, en jueces y abogados que se nos haga justicia y por ahí nos vamos.

Si el panadero nos empieza a “cotorrear” con el pan, le dejaremos de comprar, pero cuando todos los panaderos nos mienten, entonces llega el momento en que sencillamente dejamos de comer pan o decidimos hacerlo en casa.

Durante años nos han mentido, primero diciendo que iban a hacer buen uso de nuestros votos, cuando dejamos de creer en eso, entonces pasaron a la vulgar extorsión, igual que el que se monta en la camioneta y muy veladamente nos amenaza “acabo de salir del penal”, estos nos han saturado con frases de miedo “es la última oportunidad”, “si no nos votas vendrá el comunismo”, o bien “si ganan los otros se adueñará del país el fascismo”.

Señor candidato, yo no sé quien es usted, ni sé donde está, ni si es hombre o mujer y por lo tanto debo llamarlo señora y no señor, déjeme que le diga algo, el pueblo, es decir, yo, está hasta la mismísima mollera de cotorras, la verdad es que el comunismo, el fascismo, el liberalismo y la madre que parió a todos los ideólogos del mundo, me la sudan, me importa un carajo todo eso, yo, como la gran mayoría del pueblo, soy una persona muy simple, y por lo tanto tengo deseos muy simples y fáciles de satisfacer, yo lo que quiero es paz ¿ve que fácil? Una cosita sola y esa cosita no admite mentiras.

Quiero paz para trabajar, poder montar un negocio sin que me asfixien con permisos, reglas, papeles y trabas, quiero paz para poder hacer mi trabajo, que no me roben mis realitos sudados, que mi dinero valga lo mismo hoy que mañana y ayer, quiero que no me maten por quitarme mis realitos. Quiero paz para disfrutar de esos realitos, de mi trabajo, poder salir con mi familia, a un cine, a un restaurante, como hacían mis padres, sin pensar que en una comidita me estoy gastando el presupuesto familiar del mes, paz para no tener que vivir como un vampiro inverso, que se sale corriendo con la luz de la luna porque la delincuencia está insoportable.

Yo no le pido que me de dinero, ni que me pague médicos ni la educación de mis hijas, si yo puedo trabajar y producir, me puedo encargar de eso.

¿Es que es mucho pedir? ¿será que simple y llana paz es demasiada aspiración? ¿será que es mucha impertinencia de mi parte que deje el oficio de cotorrero y se dedique a la política antes de pedirme mi voto? ¡coño!