Opinión

¿Que nos pasa?

Hay frases que cuesta entender, así de profundas son que el sólo conocimiento del idioma no da para comprender en toda su magnitud el significado que encierran algunas frases. Así hay mentes que tienen por suerte o desgracia vivir en épocas que pareciera que no les corresponden, y pasan a la historia en la memoria colectiva, y es por medio de esa memoria que llegan a vivir, después de muertos, en su verdadera época.

Ese fue el caso de Ortega y Gasset, que viviendo en un país convulsionado escribió una frase de esas que cuesta entender: “¿Que nos pasa? ¡que no sabemos lo que nos pasa! ¡eso es lo que nos pasa!”

La falta de seriedad que le ponen los venezolanos a la situación presente, incluso a riesgo de su vida, hace que los que nos ven desde fuera se pregunten si realmente nos pasa algo, y es que ¿cómo nos va a pasar nada si nos tomamos las cosas a joda? ¿que dictadura puede haber en un país donde, cada quien dice lo que le da la gana, no en un acto de valentía, sino de pura inconsciencia?

La revelación de datos en Internet, es la mayor putada que se le puede hacer a un venezolano de hoy, no es lo mismo que sepan quien eres cuando vives en un país como los EEUU, donde te puedes hacer un juego en Flash que consiste en “dispararle al presidente” y distribuirlo libremente, y no pasa nada, es un juego sin relevancia, es parte de la libertad de expresión. En Venezuela, no hacer el juego, sino el simple hecho de decir que puedes hacerlo, te puede significar la cárcel.

Como le ha sucedido a un señor venezolano, ¿recuerdan aquel montaje de Photoshop, donde el presidente aparece con un tiro en la cabeza? Sí, esa misma que rodó por todos lados, que incluso ha sido utilizada de avatar por muchísimo participantes de foros virtuales, por reenviar ese montaje, hoy está preso ese señor, el cargo es “incitación al magnicidio”.

¿Y que significa ser un preso político en Venezuela? Significa, ni más ni menos, que estar encerrado en condiciones infrahumanas, significa que tu vida no vale nada, que te puede dar un cáncer, una apendicitis o lo que sea y un juez puede condicionarte la atención médica a que te doblegues ante la injusticia, como le está pasando a la Jueza Afiuni, que privada de libertad y enferma, le extorsionan con no permitirle atención, dejarla morir como a un cerdo, a menos que se doblegue a los deseos del régimen. Deseos que por lo demás, son infames y ruines.

Pero los venezolanos, que no sabemos lo que nos pasa, que no estamos conscientes de esto, recurrimos al estúpido “¿y a mi que me van a hacer? Si yo no soy nadie”, efectivamente, no somos nadie, no somos líderes de partido alguno, no aparecemos en televisión, pero tampoco lo era Jesús Majano, que hoy, por mandar un foto montaje, está preso desde hace dos días. Y no es el primero, están presos otros por decir cosas que, si somos honestos, las decimos todos en algún momento, porque al que no le haya llegado un rumor y lo haya echado más pa’ lante, que tire la primera piedra.

Ahora yo estoy en la mira de alguien, porque no le gusto, porque le caigo mal, porque a su juicio yo no merezco perdón porque me metí con su hijito de 20 años, aún cuando haya sido en justa retribución porque ella hizo lo propio con mis hijas, que no son ni siquiera adolescentes. El porque, carece de importancia, lo importante es que para ella, la privacidad de un internauta venezolano, no es importante, no representa riesgo para la vida, le parece que da lo mismo que se sepan sus datos en el carajo viejo, en un país más o menos libre, a que se sepan los míos en Venezuela, el país que viene a cubrir la cuota de dictadura que poco a poco Cuba deja libre.

¿Que si tengo miedo? ¡uf! ¡un montón! Yo hace mucho que dejé atrás el infantilísmo de la frase “lero lero, no me duele”, la verdad es que sí tengo miedo, la verdad es que sí, la idea de salir corriendo antes de que me cornée el ñu, son muchas veces grandes, incluso, podría llegar a hacer algo tan simple como callar y “evitar vainas”. Pero de inmediato, el miedo abre las puerta de la rebeldía, si me roban la voz y yo lo permito ¿qué es lo siguiente que me van a robar? Siendo como soy, hija de un extranjero, me pregunto ¿tengo yo derecho a negarle a mis hijas el derecho de vivir en su patria, la que las vio nacer, y llevarlas a otro sitio donde siempre serán vistas como extranjeras? Y claro, que puede ser un “mientras tanto”, pero el ser hija de un extranjero, me ha permitido conocer una terrible realidad, el extranjero, una vez que se gana la condición de tal, pierde irremediablemente su suelo, y pasa a ser extranjero donde quiera que vaya.

¿Debo, por el contrario, pelear para que vivan en un país libre, donde el límite para alcanzar sus sueños sean sus propias capacidades? ¿tengo derecho, a usar mi voz, aunque los resultados de esto sea una puñalada mortal en el corazón de mis padres que tanto han dado por mi? ¿Sirve de algo ser una voz en el desierto clamando una realidad que muchos no quieren ver? ¿tengo derecho a quitarles a los demás ese sentimiento falso de seguridad que les permite ser felices al menos hasta que les llegue el bit de la muerte?

Siento que pararme, es morir, pero seguir, es caminar a la muerte. No es fácil.

¿Por qué escribo esto? No lo sé, la verdad, no lo sé.  No sé si lo que pretendo es lanzar unas palabras que inviten a la reflexión, que algunos despierten y se den cuenta que lo que pasa en mi país es realmente grave, que va más allá de enfrentamientos virtuales, que el peligro es completamente real. No sé si por el contrario, lo que quiero es abrir una puerta a que otros se expresen y me den un punto de vista que quizá yo no he visto. No sé si es para intentar que quienes hacen daño se den cuenta que el daño que hacen es muy, pero que muy real, que no son escaramuzas sin consecuencia, que lo que hacen no es poner un lobo dibujado en papel en una puerta, sino que por el contrario, ponen un lobo mucho pero que muy real, un lobo del que ellos están a salvo, pero que otros estamos expuestos a ser desgarrados en la carne y posiblemente, muy posiblemente, podemos ser totalmente devorados.

Lo único que sé en este momento, es que estoy profundamente cansada. Y todo por vivir en un país que se pregunta constantemente que le pasa, sin entender que lo que le pasa, es que no sabe, no entiende, no comprende en toda su magnitud, que es lo que pasa. Cansada de vivir en un país que camina sobre arenas movedizas, y que jura estar caminando sobre una pradera que se ve mal sólo porque es poco fértil.

Cansada de vivir en un país que no es el mío, en un época que no es la mía, con un pueblo que no es el mío, cansada de la frivolidad, de la inconsciencia, de la inutilidad, de vivir rodeada de conflictos, de malos olores, de basura, de fealdad física y de espíritu, de un pueblo que ha aprendido a ver la ruina y la maldad como cosas normales y cotidianas. Cansada de una justicia ruin y acomodaticia que alcanza los rincones virtuales y reales.

Sólo eso, estoy cansada, ya se me pasará… o no.