Opinión

No sean ratas, perdonen a Hugo

No sé si alguna vez han cazado conejos, yo no, desde luego, que no me gusta la cacería, pero dicen los entendidos que la forma correcta es usar una luz potente, se alumbra al conejo y puedes hacer con él lo que gustes, porque se queda ahí, hipnotizado mirando la luz y no huye ni se defiende. Eso me hacen pensar que la palabra “conejo” referida a una persona fácil de cazar, o de engañar, es muy apropiada.

Yo conozco algunos “conejos” y me pregunto si son capaces de ver sus propias actuaciones conejéricas que no cojonéricas.

Tanto en Internet como en la vida real, me he topado con abundante cantidad de conejos, y para mi, conejo es alguien que suelta la frase babosa por excelencia: “no te defiendas, no caigas a su mismo nivel” ¡con un par!

Entonces ayer, revisando la prensa venezolana y española, como es mi costumbre, he encontrado dos noticias bastante interesantes, aunque no novedosas y mucho menos curiosas, son dos noticias que por desgracia son corrientes y molientes.

La de Venezuela era una denuncia, de un señor que cuenta como fue atracado, pero los delincuentes, no conformes, le sometieron a una persecución por varios meses, y el señor, fue a poner la denuncia en atención a la víctima, a lo que le respondieron que primero llevara el nombre de los delincuentes, que si no, no podía hacer nada. Que ya me imagino yo al pobre hombre deteniendo a los choros para decirles: “disculpe, señor ladrón, pero necesito que me traiga una fotocopia de su cédula para yo poder ponerle una denuncia” y el ladrón, muy consciente, contestándole: “¡ah! Pues como no, ¿en color o blanco y negro?”.

La otro noticia era sobre las piscinas públicas de Madrid, donde al parecer una caterva de adolescentes se han dado a la labor de gamberrear, entran sin pagar entrada, roban a los usuarios, se bañan vestidos y llegan al extremo de humillar a los empleados haciendo cosas como botar basura y desafiarlos con la frase “ahora tú, ¡limpia!”. El problema es que nada se puede hacer, porque son menores de edad, y lo más que se puede hacer es llamar a la policía, que los saca, pero al día siguiente, vuelven como sin tal cosa.

Si a mi me toca uno u otro caso, y para mi la solución es muy simple, le preparo una encerrona a los delincuentes, de acuerdo a la gravedad del caso, les doy la revolcada de su vida, eso si no es que mi vida corre peligro con los indiciados, porque si no, ya le doy solución permanente al asunto. Porque la verdad es que yo estoy dispuesta a hacer respetar mi libertad y mis derechos, y para ello usaré todos los medios disponibles a mi alcance, en cuanto a la fuerza empleada, pues está ha de ser proporcional a la resistencia ofrecida en cumplir con mi deseo de ser respetada.

Pero los conejos crecieron convencidos de que viven en una sociedad que los va a proteger por siempre, que nada les va a suceder siempre y cuando respeten las reglas ¿y cuales son los reglas? quedarse parados como en la foto cuando sean objeto de una agresión, no defenderse, y sobre todo confiar en que la sociedad, encarnada divinamente en el estado, los va a defender, aún cuando los agresores, que no pocas veces es el mismo estado que creen que los defiende, se limpia el rabo con las reglas.

Para justificar semejante idiotez tienen argumentos varios, el más corriente es “no te rebajes”, pero hay otro que también es muy divertido, justificar al agresor, “él no sabe lo que hace”, “es que tuvo una infancia traumática”, “es que la sociedad lo ha marginado” o “es que es un enfermo y no sabe lo que hace”. Vamos, que si los pilla un violador, que es violador porque de pequeño lo abusaban, entonces ellos se dejarán violar, pasivamente, cual castas mujeres de antaño fijarán la vista en un punto lejano mientras dejan hacer al violador, cualquier cosa, menos rebajarse a darle una patada en las bolas, que eso sería muy incorrecto, porque además, el pobre violador está enfermito.

Basados en esto, digo yo, tendremos que perdonar a Hugo, porque todos sabemos que el pobrico tuvo una infancia muy traumática y encima, está como una puta cabra, es decir, está enfermito. Así que en nombre de la paz social, yo les pido que no se rebajen, y que perdonen a Hugo, porque él, pobrecito, está enfermito y por lo tanto no es responsable de lo que hace.

Por supuesto, háganlo ustedes, que son los conejos, los que se creen todas esas babosadas, yo, por mi parte, que soy una descastada antisocial, estoy dispuesta a defenderme con cualquier arma, cualquiera, que esté a mi alcance para defenderme. En cuanto al respeto a las leyes, pues tendré el mismo respeto y apego por ellas que tenga mi agresor.

Así que ya saben, perdonen a Hugo, déjenlo hacer, no se rebajen, y no lo ataquen, que el pobrecito está enfermito…. bueno, perdón, ahora que lo pienso mi consejo es extemporáneo…. ¡eso es justamente lo que hacen!