Opinión

A Venezuela llegó el hamvre

Hace poco leí unas declaraciones de la diputada Varela, donde ella comentaba que no necesita dólares un pueblo que tiene un gobierno que le da salud, educación, y bla bla bla. Me produjeron especial impresión esas palabras por haber salido de la boca que salieron, de la diputada Iris Varela, que en alguna oportunidad reconoció que su desprecio u odio por la mal llamada IV, prevenía de que haber sufrido en carne propia sus desmanes.

Ciertamente, la atención médica de los gobiernos comprendidos entre 1958 y 1999, fue deteriorándose progresivamente, y ya en lo últimos años era sencillamente deplorable.

Pero ¿que podemos decir de hoy en día? Mientras la diputada defiende un gobierno que ha permitido que los venezolanos nazcan en la calle, los enfermos o heridos mueren tras ser “ruleteados” de hospital en hospital sin encontrar uno que los pueda atender, niños mueren de desnutrición todos los días mientras miles de toneladas de comida se pudren en los almacenes gracias a la corrupción y la incompetencia, niños, mujeres y hombres son diariamente masacrados por el hampa, muchas veces delincuentes que se esconden bajo la impunidad de ser la mismísima autoridad del estado.

Si la diputada, por haber perdido un hijo, pérdida por lo demás muy dolorosa, actúa como actúa en contra de eso que ella llama IV República ¿se preguntará cual será su destino en el futuro?

Y lo digo como madre, porque no le falta razón a la diputada en su sentir, un hijo es lo más precioso y sagrado que puede tener una madre, esa palabra cambia la vida de cualquier mujer. No importa cuantos logros personales tengamos, ni cuantos títulos o tratamientos adornen nuestro nombre, la primera vez que un ser tremendamente pequeño y desvalido nos dice “mamá”, las piernas fallan y una emoción nos invade el estómago, y se crea entonces un vínculo indisoluble entre la madre y el hijo.

Aún cuando podemos aceptar ofensas de cualquiera dirigidas a nosotros, las ofensas para nuestros hijos son inolvidables e imperdonables, no prescriben ni tienen indulto, porque una lágrima de un hijo, equivale a cientos de lágrimas propias, el pequeño dolor de un hijo, es una herida grave, abierta y sangrante en el corazón de una madre y la muerte de un hijo, es sencillamente insuperable, nada, absolutamente nada en este mundo nos prepara para enterrar a un hijo.

Yo me pongo en el lugar de la madre que enterró a su hijo víctima de la bala asesina de un policía o Guardia Nacional que juró defenderle la vida, no segarla, la madre que en sus brazos vio escapar el alma de su bebé por no poder alimentarlo debidamente, las decenas de madres que día tras día en los aeropuertos de Venezuela ven partir un pedazo de su alma a buscar mejores horizontes, aunque la única mejora que produzca ese horizonte sea sencillamente preservar la vida.

Esas madres ¿leyeron las palabras de la diputada? ¿que sintieron a leerla? ¿dolor? ¿rabia? ¿odio? ¿impotencia? ¿asco?

Porque yo siento asco, ni siquiera odio, yo no odio a las ratas, ni a las cucarachas, les tengo simple y llano asco. Y las declaraciones de la diputada, dan asco.

Pero no se conforman con no hacer su trabajo, sino que para rizar el rizo, destruyen el trabajo ajeno, porque solo eso saben hacer, destruir, robar, esterilizar.

Eso es el socialismo, un engendro esterilizante y estéril, que nada produce, que nada hace, que parece cal viva, que equivale a sembrar la tierra con sal, no solo no produce nada, sino que impide que nada puede crecer.

¿Que moral puede tener NADIE que apoye a este gobierno para decir ni media palabra de Polar? Lo cierto y real es que hay cosas que no pasan en Polar y que si pasan en Venezuela, en Polar, les puedo apostar lo que sea, a que nunca se han podrido toneladas de comida, como sí acaba de pasar en los almacenes de Puerto Cabello, como ya ha pasado antes, como cuando echaron al mar decenas de reses muertas porque a esos incompetentes se les “olvidó” que los animales comen. Como sucedió, que no lo he olvidado, con las miles de toneladas de alimentos que llegaron al puerto de La Guaira cuando el deslave.

Pero no solo son incompetentes, sino rastreros y viles, mentirosos, manipuladores, cuando le dicen al “pueblo”, demostrando que lo tienen por un perfecto pendejo, que le han decomisado a la Polar la cantidad de 3 toneladas de margarina ¡tres toneladas! Lo que es ni más ni menos que ¡seis mil potes de medio kilo!… ¿a que no suena igual? Porque no es lo mismo decir 3 toneladas, que 6 mil potes, cuando lo llevamos a “potes” nos damos cuenta que es una birria lo que les robaron, porque las cosas por su nombre, eso es robo, ni más ni menos.

Solo por curiosidad y por tener alguna perspectiva del asunto, le pregunté al dueño de un abasto cercano (no muy céntrico, sea dicho de paso) cual era el consumo de su negocio al mes, a lo que me respondió que unas 15 cajas, o lo que es lo mismo, 360 potes al mes. En pocas palabras, con la margarina robada a Polar, podrían abastecer nada más y nada menos que casi ¡17 abastos!

Y como para coronar el asco, las pudrición de Pto. Cabello, 20 mil toneladas, que para ser justos lo vamos a pasar a kilos, hablamos de más de medio kilo por venezolano, suponiendo que somos 30 millones de habitantes.

No deja uno de preguntarse ¿cuantas toneladas se han perdido sin que lo sepamos? ¿cuanta comida se ha perdido en manos de la corrupción vil a la que no le importa que niños venezolanos mueran de hambre? ¿eso es lo que defiende la diputada Varela?

Ojalá solo lo defendiera, sino que se burla de la víctimas, y a mi, honestamente, solo alcanza para darme asco, y para pensar que si la venganza de ella ha sido tan extensa como para cagarse en el alma de todo un pueblo ¿como será la venganza de ese pueblo para con su bajeza?

Triste, pero la historia nos dice que quien no actúa como humano, el final que le espera no es humano. Y ¿que se puede sentir por un ente que por la razón que sea, en un desenfreno de robo y saqueo, por saquear llega robar y saquear la propia vida de sus semejantes?