Opinión

¿Ahora? ¡Ahora que se jodan!

Lo dije, hace menos de una semana lo dije, que no quería que me vinieran con bolseras de perdón porque un rojo pendejo de repente, previa patada por el culo de Hugo, de pronto “despertaba y abría lo ojos”.

Lo dije, lo dije clarito, que a mi no me vinieran con mamarrachadas de tender puentes, que si es que hay que sumar y no restar, que si pobrecitos, que son bien recibidos ¡lo dije! ¡lo dije, carajo! ¡lo dije bien clarito!

Yo esto lo sabía, es que el pestazo a salto de talaquera no se tapa con nada, Hugo está desatado, y a falta de rabos azulitos para patear, estaba de cajón que iba a empezar a patear culos rojos. ¿Y ahora porque Hugo les pateó el culo soy yo la que tiene que perdonarlos y aceptarlos? ¡y una mierda!

Dije también que para mi hay un antes y un después, y que ese punto para mi lo marcó la Lista Tascón.

Tengo una amiga que tuvo por gran desgracia que se le muriera su primera hija, ya adolescente, de una terrible enfermedad. A esa mujer, la depresión no se le paso nunca y aún así ella le siguió echando bolas a la vida, trabajaba como burra para mantener a su familia, trabajaba en una dependencia del gobierno No era mujer adinerada, no podíamos decir siquiera que vivía cómoda en esa época, vivía como viven millones de trabajadores venezolanos, al día, contando el medio para el pasaje. Y un día viéndola pobre y como dicen en los barrios, “pegadita al sartén”, le pusieron precio a su dignidad, le dijeron que si no retiraba su firma, la botaban. Así, clarito se lo dijeron.

Ella tuvo una valentía que a lo mejor yo no hubiera tenido, le dijo que no hacía falta que la botaran, que ella renunciaba. No fue fácil, en esa casa, que ni siquiera era suya, se pasó hambre, se pasó necesidad, se pasó trabajo, se derramaron muchas lágrimas, pero se salió adelante ¡gracias a Dios!

Como esas historias, muchas, padres que vieron partir a sus hijos, lo más querido que se tiene en esta vida, a países lejanos, llevándose a sus nietos, derramando lágrimas y más lágrimas, hombres inteligentes, preparados, que se vieron reducidos a realizar trabajos que estaban muy por debajo de su nivel de preparación. Otros que perdieron sus casas, que se vieron de pronto en la calle, por el terrible delito de expresar un pensamiento.

Millones, mi-llo-nes, de ciudadanos que se vieron perseguidos, acosados, relegados, tratados como escoria, como apestados, como delincuentes, venezolanos que eran tratados como pústulas en su propio país.

He tenido que ver con inmenso dolor, como siendo hija de un inmigrante, sintiéndome tan orgullosa de mis arepas como de mis paellas y potajes, han aplaudido a rabiar a una vieja que me enseñaba un cartél botándome de MI país, diciéndome “hija de extranjeros de mierda”.

Extranjero de mierda le dice a mi padre, justamente a mi padre que me enseñó como es que se ama un país, mi país, un “extranjero de mierda” que fue el que me enseñó a Venezuela desde el Zulia hasta Bolívar y que siempre me hizo sentir el orgullo de haber nacido en una gran tierra, MI tierra.

¿Y los “engañados” que ahora abren los ojos que hacían? ¿ayudaban acaso? ¿se opusieron? ¿si quiera protestaron? ¡no! No se limitaron siquiera a guardar silencio, no, justificaban, se reían, se divertían con cada nueva humillación, no perdían tiempo en repetir la última ofensa que saliera de la repugnante boca presidencial, así se sumaron los descalificativos, “escuálido”, “oligarca”, “escuaca”, “histéricos”.

Bastante que se regocijaron, bastante que se revolcaron en la inmundicia de su maldad. Y ahora… ahora como son ellos los pateados, los humillados, ahora que son ellos a los que les ponen precio en la dignidad… ¡ahora abren los ojos! Y corren a ponerse al ladito de aquellos a los que despreciaron, de aquellos de los que se rieron, de aquellos a los que no se conformaron con clavarles el puñal, sino que le echaron sal a la herida.

¿Y yo tengo que perdonarlos para sumar? ¿sumar que? ¿mierda? ¡Yo no sumo mierda! A una sopa pa’ que rinda se le puede echar agua, pero no se le echa mierda, no se le pone agua de chiquero.

¡Ah! Pobrecitos, es que ahora les toca a ellos y no les gusta, les duele, tienen miedo, tienen miedo de la bestia que ellos mismo crearon, les asusta ese Moloc al que ofrecieron gustosos la carne, sangre y lágrimas de sus hermanos ¡pues que se jodan! ¡Que se jodan como durante tantos años se jodieron otros!

Si lloran, no será mi culpa, yo no tengo porque secar esas lágrimas, si sufren, esa es la cosecha del dolor que sembraron.

“Eso” lo hicieron ellos, lo alimentaron ellos, lo hicieron crecer ellos, sin importarles el dolor que ocasionaban… ¡no! ¡peor! ¡alegrándose del mal que ocasionaban!

¿Que ahora no pueden formar sindicatos? ¿que no les pagan? ¿que las empresas de donde salía el pan de su familia ahora son piedra seca? ¿que los tienen amenazados? ¿que sienten miedo por el pescuezo? ¡QUE SE JODAN!

No es odio, yo no los odio, tengan la seguridad que no les voy a empujar para que se caigan por el barranco, soy mejor persona que ellos, no pienso reírme de su desgracia, de seguro que tampoco los pienso ayudar en lo más mínimo, ya solo con eso estoy haciendo muchísimo más de lo que ellos hicieron.

Si no les pesa, que no les pesa, el daño que ocasionaron a otros, al menos que les pese el que se ocasionaron a sí mismos mientras se reían del dolor, las lágrimas y la sangre de otros.

Claro que somos un solo pueblo, claro que tengo que perdonarlos, eso lo sé, pero ahora, no puedo, ni puedo ni quiero. No puedo, por la sangre de los injustamente asesinados, no puedo, por el dolor de las madres separadas de sus hijos, no puedo, por los hombres y mujeres perseguidos y humillados, no puedo ¡No puedo!

¿Que soy mala persona? Mira, a lo mejor, pero sencillamente no me nace otra cosa que repetir mil veces ¡QUE SE JODAN!